La dama de las rosas: Tierra Chilena
Que repiquen del cascabel del mil
copihues
Las vértebras de tus mares,
las cosechas de tu pueblo
atravesando tus tierras andinas,
el abrigo de los corazones,
las cortinas de tus sombras
que tumban el recuerdo.
Tus bordados de claveles,
lágrimas en crisol
a velo de tus ofrendas de greda,
alfarería de viejos tiempos
alzándose a mi mente
las uvas matiz de luz,
fugitiva de los montes
de andamio forastero,
quien al horizonte balbucea
tus huellas en el sol.
Tus coipos esconden sus antenas,
tus alpacas reman el silencio,
tus cuyes escriben palma a
palma en semillas,
y los pumas desgradan las
lenguas del pasado.
Oísteis ya de las cuestas
de la lluvia, sube
sube por tu garganta,
el orgullo de las voces,
tus hombre tiemblan al doblez
de un cobre,
tus mujeres tejen a tus
bocanadas de esperanza.
De la crin pomposa
de naturaleza,
pétalos de pachera
cristales a sus orillas,
decena de primor y esplendora
de primaveras,
mis pasos se hunden,
tu boca retuerce serranías.
Candelabros en tus
mejillas frutadas,
arenisca de tus ojeras al ombligo,
paristeis la uva,
los peces y las semillas,
los días célebres, las coordenadas
a una nueva vida.
Por ti nacieron muertes,
mi madre,
de ti mil deseos,
hondearon tus penas,
calcinaron nuestros destinos,
aún así,
Desde lo apartado del miedo,
surgen las aspiraciones,
el volver a ser dueño,
castrarse a tus viñas,
las acacias, los cochayuyos,
las alcachofas,
las chichas, los limones,
las delicias.
Tus vigorosos brazos decaen en
lágrimas del mar,
tiemblan al sur de frío,
agrieta su estómago de armonía,
de entre embriaguez
su nómada paz,
sor de tus difusiones a sudor y
sangre,
témpanos de misericordia y
amparo, mi diosa
mi patria, mi dama de las rosas, mi tierra
Francisca Morales
Fucoa 2003